Perdón

Hace ya demasiado
mis sueños comenzaron a alimentarse
subrepticiamente de letras luminosas.

Hinchados de arrogancia
por sus descaradas
adulaciones
terminaron obesos, indolentes,
perezosos.

Entonces, atrapado en interminables
cadenas de folios imaginarios,
perdí mi rumbo.

Perdónenme.

Tu no,
tu que heriste mi espalda
con el vapor de lágrimas,
no me perdones tu.

Tu,
encarnada ternura,
ilusionada agresora.
Indefinida expectadora
de mi cárcel voluble,
víctima,
verdugo,
que conmigo flotaste,
en donde nadie nada.

No me perdones tu.

Ese insípido y simple
preludio de olvido,
no me lo impongas tu.

Quedaba un inocente
entre mis sueños,
tú me lo confiaste,
sólo ese fue nuestro.

Y aunque parezca muerto,
permanace en vigila,
y solo se hará polvo
si me perdonas tu.

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