Cinco justos


Los 115,824 niños que según el conteo de Aziel se encontraban fuera vieron cómo el cielo se enrojecia mientras el calor comenzaba a resecarles la garganta. La gran mayoría abandonaron sus juegos para correr a contarle el suceso a su institutriz, su amo, su padre, su amante. Al poco tiempo, todos los habitantes se percataron de lo que pasaba y dejaron salir, según el cálculo de Meliel, exactamente 1,788,453 gotas de sudor. Remuziel, recién nombrado director asociado de la división de conteos, recibía los reportes y los anotaba en el rollo iluminado. Nadie entendía bien la razón por la que Adonai ordenaba estos conteos, pero claro, su sabiduría infinita, por definición, trasciende cualquier cifra, así que no hay necesidad de preocuparse. A los 30 segundos el olor a azufre se hizo más fuerte y los que se encontraban fuera buscaron prestamente refugio del aire enrarecido. 15 segundos después, las pieles comenzaban a chamuscarse con el contacto del mismo aire. 11,346 niños se aferraron a las túnicas de un adulto desconocido, Aziel afirma que en 65 de cada cien casos, el adulto correspondió. A los 60 segundos cayó la primera bola de fuego, Remuziel anotó en cifras arameas la temperatura exacta, el equivalente a 1,111 grados celsios. Sin demora, Meliel inició la tediosa tarea de contar la cifra exacta de cabellos quemados mientras todos los niños ignoraban que entre Sodoma y Gomorra no había siquiera 5 justos dignos de librarse del fuego divino.

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