La 99 el 4

Fortuño acaba de anunciar, de acuerdo a El Nuevo Día, su apoyo por que se consulte al pueblo sobre la enmienda 99 el 4 de noviembre, o sea, mismo día de las elecciones generales. De esta manera, esperan los proponentes de las decisiones partidistas y desinformadas que se apruebe esta medida retrógrada, que a es un paso hacia atrás frente a la tendencia mundial de flexibilizar los prejuicios tradicionales.

No hay que culparlos por favorecer el partidismo bocinero, banderoso y de escasa reflexión, eso es lo que sustenta su posición de poder. ¿Pero cuál es el problema de realizar las dos consultas el 4 de noviembre? Simple, quieren mezclar los dos procesos para que la gente mezcle su perspectiva sobre el futuro de su ley más importante (su constitución) con sus afanes partidistas, que al fin y al cabo, tienen en este país un carácter cuasi religioso. Mezclar dos formas de religión, o de fanatismo, en una sola consulta es sin duda una fórmula ganadora para los caudillos del retroceso.

Espero que ya todos sepan que la 99 es una propuesta de enmienda que propone elevar a rango constitucional el matrimonio heterosexual, arriesgando los derechos de todos aquellos que participan de otros tipos de relaciones amorosas, los cuales, si contamos los adulterios, o las frecuentes poligamias informales (la de los Elías será lo que usted quiera, pero no se puede negar que es muy formal), superan por mucho en frecuencia a la unión tradicional. Bastante gente se casa, la mayoría se divorcia. Los que quieran proteger el matrimonio que empiecen por ahí y no por excluir otros tipos de relaciones, que al fin y al cabo son muchas veces más exitosas y perdurables que las de velo e iglesia. Me pregunto cuántos adúlteros votarán a favor de la 99.

En mi humilde opinión, las dos principales causas de que este país esté tan ineptamente dirigido son: primero el partidismo, luego, la corrupción. No es tanto que nuestros políticos sean ineptos o malvados, aunque no seré yo quien niegue lo evidente de muchos casos. El problema es que gobiernan sólo con el interés de beneficiar las metas de sus partidos. Con esto no me refiero a ideales de status, que es lo único que predican en términos ideológicos. Sino del interés más básico de todo ente en competencia: ganar.

Nuestros políticos gobiernan para ganar en las elecciones, nuestro pueblo vota para que su partido gane las elecciones. Lo que pasa los cuatro años subsiguientes lo achacan a las elecciones pasadas y lo transmiten a cómo votarán en las elecciones futuras. Poco puede esperarse de un pueblo que opina cada cuatro años y ni siquiera reflexiona antes de hacerlo. Saludos a Fortuño.

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