Ansiedad de nación: literatura Insular

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Dicen que aquel 23 de septiembre lo dejaron desangrarse. En realidad ya no dicen. La memoria de la “nación” depende de un discurso público que la sustente y de Filiberto ya no se habla. Lo cierto es que aquella bala hirió más que el cuerpo del añejado líder revolucionario. Algo se revolcó en los intestinos nacionales cuando el world police del “terrorismo” asestó un golpe a nuestro frágil ego el mismo día conmemorativo del grito contra la vieja metrópoli. Un shot de adrenalina corrió brevemente por las venas y hubo que gritar. Un ratito, hasta que lo enterramos. Los cacos, herederos de aquel cocolo que disfrutó más ver la bandera pasar entre las piernas de la diva norteamericana que en el fondillo del ídolo boxeador de turno, desahogaron un sentimiento que no entendían comprando camisetas con la cara del insurgente. La efigie de Filiberto fue por un tiempo símbolo nacional.

Pero ya la identidad no está amenazada, dice Carlos Pabón. Deliran quenes quieren comparar esto aquí con la franja de Gaza, arguye. La ranita ruidosa molesta a los hawaianos mientras nosotros compramos en algún festival una artesanía que la exhiba. Y si no hay chavos, o se va a hacer un regalito, se compra una banderita “made in china” de a $1.07. Lo omnipresente termina volviéndose invisible. La identidad desaparece al multiplicarse como gremlin mojado.

La literatura es la madre de los gremlins, o sea, de la promiscua identidad. Los padres apostólicos de la nación se preocuparon cuando, en 1898, el world police llegó con bombos y platillos. Temieron que pronto iban a estar hablando inglés y comiendo hamburgers y trataron de impedirlo escribiendo. Demás está decir que solo evitaron una de las amenazas. Tuvieron que crear una nación de emergencia y lo único que encontraron fue la obra de los hacendados enmascarados de jíbaros que defendían sus derechos de colonos nativos ante sus rivales peninsulares.

Ahora arrastran con esa incompletitud casi todos a quienes que se les ocurre agarrar una pluma en esta ínsula. Basándose en ellos, Mercedes López-Baralt ofrece en su conferencia un tour imaginario por esa trayectoria literaria que ya tiene más del siglo. Cuenta sobre barcos que se convierten en yolas que se convierten carros de lujo que se convierten en carros destartalados: todos son la nación. Le creo, no soy hereje. Pero me dolió saber que el poema En la Brecha de José de Diego también canta la identidad. Hubiera preferido un toro acorralado que embistiera contra cualquier desgracia en cualquier parte del mundo. Si como dice Benedict Anderson: “es la magia del nacionalismo el transformar el azar en destino”, tal vez haga falta un poco de magia que nos libre de la obsesión nacional y nos ayude a ver, y crear, algo más en la literatura que compartimos.

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2 comentarios en “Ansiedad de nación: literatura Insular”

  1. N Says:

    NINAKUPENDA. MABUSU

  2. Edith Says:

    y se me caen los ojos al leer tanta palabra rebuscada, estaba aqui leyendo en la profundidad de tu texto…
    En el punto que hablaste sobre: “se compra una banderita “made in china” de a $1.07.”

    Sabras que cuando fui al Grito de Lares, todas las artesanias de una tienda local eran de España o China. Los artesanos puertorriqueño venden a un precio más elevado y con más calidad. Que no me vendan una cartera Made in China disque de cuero, cuando a leguas se nota el plástico.


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