Temerle a una pistola

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La matanza ocurrida hace unos meses en el Virginia Tech pone a pensar en los límites de la capacidad humana para luchar contra los artefactos (mecánicos e ideológicos) que ellos mismos han creado. Allí murieron 32 personas abatidas a tiros por un solo joven que adquirió las dos pistolas de manera perfectamente legal solo un mes antes. Dicen algunos que si hubiera habido otras armas presentes en el campus se hubiera podido al menos reducir la magnitud del incidente.

Opino que este argumento carece de fundamento, pues, ¿Quién exactamente debía tener permiso de portar armas y con que propósito? ¿Algún guardia de seguridad armado vigilando cada edificio? ¿Dos? Tal vez ese guardia hubiera sido el promero en caer abatido a tiros. Además, estamos hablando de una institución académica, donde debe promoverse un clima de paz. Una sucesión de disparos como esta ocurre sumamente rápido, a pesar de que dos personas murieron antes en otro edificio del campus y nadie fue capaz de prevenir el segundo y más mortífero ataque.

Cabe mencionar un detalle técnico: normalmente las pistolas semi-automáticas solo tienen diez balas por clip, o sea, después del décimo disparo el atacante deberá cambiar de arma o recargar, lo que toma unos segundos. Sin embargo, se especula que el asesino del Virginia Tech utilizó magazines de más de 30 balas, los cuales estuvieron prohibidos hasta el 2004, cuando la legislación federal que regulaba su uso expiró sin ser renovada.

Dejando fuera la clara fatalidad causada por esta negligencia, es evidente que un individuo enloquecido con una pistola en cada mano es un atacante formidable. Sin embargo, es concebible que una persona en ese estado no tenga la calma necesaria para apuntar correctamente las armas hacia blancos que se mueven, de modo que muchas balas no golperían a nadie.

Es el miedo de las víctimas lo que aumenta la fatalidad. Un profesor que había sobrevido el holocausto nazi tuvo el valor suficiente para servir como escudo humano, sacrificando su vida para salvar las de los jóvenes que estaban en su salón. Admiro ese valor más que cualquier cosa. No soy experto ni nada, pero creo que huir despavorido en una situación como esta lo que trae es la muerte por la espalda. Tal vez, en una situación como esta, esconderse o cubrirse sea más efectivo, especialmente cuando el atacante no tiene ningún objetivo específico y su estado mental está desenfocado.

Debe ser extremadamente difícil, y los ciudadanos comunes no estamos entrenados para reaccionar debidamente ante una emergencia como ésta. La mera vista de un arma de fuego nos atemoriza. Pero tal vez si hubiera habido más valientes o personas capacitadas y sacrificadas, con voluntad suficiente para intentar acercarse por algún ángulo lateral o posterior e intentar desarmar al atacante, hubiese habido menos muertes. Valor en vez del sálvese quien pueda. Al fin y al cabo, él era uno solo y probablemente en aquel edificio había cientos de personas. Sueño con una sociedad más valiente. Me pregunto si yo hubiera tenido semejante valor.

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One Comment en “Temerle a una pistola”

  1. Edith Says:

    Bendita la upere
    que ha recibido roba y vete
    y no la lluvia bala de muerte
    aqui cualquiera mira, calla y vende
    sin exhibir una ID de residente


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