Desde el Carajo

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Esta palabra tan usada y vulgarizada es imprescindible para nuestro lenguaje cotidiano. He leído que el vocablo se deriva de una de las acepciones del latín para pene, carassus, y que por derivación se usaba en el lenguaje marinero para denotar el palo mayor de un barco.Este es un ejemplo más de la gran influencia que han descubierto los linguistas que tuvo el vocabulario marinero en el español de América. Cabe recordar que la única forma de llegar a estas tierras desde Europa en aquel tiempo era tras un viaje en barco relativamente largo.

Ya lo saben, Rodrigo de Triana, el primer europeo que vio nuestro continente estaba en el carajo, en esa canasta que ponían en el palo mayor y donde mandaban a los marineros como castigo, para que sufrieran con el sol y se marearan con los vaivenes del navío. Lo triste es que los pobre indios no pudieron mandar para el carajo a tiempo a esos europeos cabrones. Tuvieron que joderse. En verdad ellos no eran pendejos, pero no tenían forma de imaginarse las intenciones de esos hijos de la gran puta, nuestros antepasados. Gracias a la madre patria por esa hermosa lengua que nos ha legado. Como dijo el primer gramático castellano, Elio Antonio de Nebrija: “Siempre fue la lengua compañera del imperio.”

Algo parecido dijo un congresista hace algunos días, que para que Puerto Rico tuviera alguna esperanza de ser estado tenía que adoptar el inglés para sus funciones de gobierno y como lengua primaria en las escuelas. Este legislador imperial es uno de los líderes de un grupo de “amigos de el inglés” ,o algo así, que se opone a que en Estados Unidos se impriman documentos y se den servicios gubernamentales en español. También aboga por que se declare al inglés lengua oficial única de la nación. Todo por el bien de la unión y de los mismos inmigrantes, a quienes, según ellos, les beneficiaría aprender el idioma. Claro que si no lo saben cuando llegan no pueden solicitar ayuda alguna ni llenar un formulario en un hospital. A mí me suena a hipocresía descarada.

Hay que admitirlo, hablamos una lengua de conquistadores machistas y racistas que le robaron las tierras a sus habitantes en el nombre del Señor. Aquí en Puerto Rico, a diferencia de otros países americanos, no compartimos el territorio con otras naciones indígenas, a quienes hay que respetarles y rescatarles, sus lenguas. Aquí nuestras madres nos enseñan el español, no tan castellano, pues hasta donde sé el sustrato del español americano es el andaluz. Esa es la lengua que sinceramente amo y en la que disfruto escribir. Yo soy bilingue y eso es suficiente. Es demasiado para los “Americans” que no se interesan por aprender la lengua de nadie y le quieren imponer la suya a todos. Nadie me cambiará mi carajo por ningún fuck.

Para los politiqueros: me importa un carajo si somos estado, independientes o un fake commowealth. Eso sí, con mi lengua nadie se mete. Ya me colonizaron la isla una vez y yo no estuve presente para defender el arahuaco taíno. Es tarde, esa no es mi lengua, tampoco lo es el inglés, y con todo el respeto a los que nacieron en Estados Unidos, no quiero que sea la de mis hijos ni la de mis nietos. ¡Comámonos nuestras eses con orgullo para siempre jamás!

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