Hambre

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A Kevin Carter, que ganó el Pullitzer por esta imagen y después se mató.

Llevaba tanto tiempo sobre los zancos que ya comenzaban a incrustársele en la carne. Lucía como un faquir sin público, tan alta como un elefante de sueños. El sol no podía quemarle más ahora que todo gravitaba en torno a su panza, esa enorme panza. Nunca supe si se paraba en ese lugar a esperar algo, o siquiera si era consciente del buitre que la observaba a sus espaldas. Poco después, cuando me iba, la vi durmiendo inclinada hacia el frente como un embrión de espantapájaros. El buitre ya no estaba.

-Traducido del original árabe-

Cuarenta y tres años después, el padre Menezes encontró el siguiente relato entre los archivos inquisitoriales:

La vi, miraba hacia el cielo desde una colina arenosa. Me sorprendió el brillo de expectativa en sus ojos. El sol ya comenzaba a bajar cuando, imagine mi asombro, se materializó una mano cayosa que comenzó a acariciarla lúdicamente, como a una mascota. No pude más que caer de rodillas y persignarme ante tal prodigio. Ella lucía extática pero permanecía inmóvil mientras la mano surcaba el bosque quemado de cabellos. Bajó. Le acarició los párpados obligándola a cerrar los ojos. Bajó un poco más. Le abrió la boca y tiernamente le metió los dedos. Ella no esperó. Cerró las fauces como un cocodrilo, arrancando tres dedos y salpicando todo con un líquido espumoso. Olía a cerveza. No, no puedo aceptar que fuera brujería. No hubo sangre ni vino, pero estoy completamente seguro de que las lombrices de sus intestinos se transustanciaron en pan. La mano cayó al suelo y el buitre se apresuró a capturarla, volando con ella en su pico. Lo siento, no puedo decir que estuviera poseído, era solo un animal hambriento. Ella no le prestaba atención alguna. Creo que tenía los zancos pegados al cuerpo, porque se acurrucó allí donde estaba y se durmió sobre ellos. Cuentan los devotos que cada semana despierta para repetir el prodigio. El buitre siempre llega primero

N. del E.
El 14 de octubre de 1587, el Misionero Joao Balboa de Ferrara fue quemado lentamente en la hoguera para darle tiempo de arrepentirse por la herejía de afirmar que una visión diabólica que había tenido mientras visitaba el reino de Nubia era un milagro de Cristo. Nunca abjuró.

Kevin Carter, quien tomó la foto en cuestión durante una hambruna en Sudán (antes Nubia), se suicidó con monóxido de carbono el 27 de julio de 1994. Su última nota decía en parte: “I am haunted by the vivid memories of killings & corpses & anger & pain . . . of starving or wounded children, of trigger-happy madmen, often police, of killer executioners . . . “

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