Silicón y Maternidad: Primer Delirio

mothmonkeygimpw.jpg

 

Ella se despertó porque sintió que algo metálico le pinchaba el trasero. Alargó la mano para tocarlo, era duro. Sentía una leve punzada de dolor, más que nada, frío. El extremo opuesto del objeto era suave, emplumado. Con un poco de valor, se lo arrancó de la nalga. Parecía un insecto con pico de metal, pero no pudo comerlo, era de plástico.

Miró hacia el suelo.

 

-Estaba hecho de silicón verde, pero ella no lo sabía.-

 

Un momento. ¿Donde estaba su pequeño? Miró el suelo a su alrededor mientras reparaba en la brisa cálida que recorría el lugar. Estaba oscuro salvo por unas líneas de luz que venían del horizonte. Cuatro líneas paralelas cuya luz se difundía, permitiendo cierta visibilidad.

Caminó, buscándolo con la vista. El pequeño no estaba por ninguna parte. Resultaba muy molesto pisar las protuberancias de plateadas que llenaban el suelo. El cielo no podía verse porque estaba muy lejos. Era como una ciudad en la que todos los edificios eran negros y estaban conectados al suelo por unas placas de metal.

Trató de llamar a su hijo, pero los zumbidos que venían de los edificios más altos no permitieron que el llamado llegara muy lejos. Miró hacia arriba, como desconsolada. Aún dentro de la angustia, le pareció bello el arcoiris de cables que conectaba los edificios zumbadores.

Puede que halla sido una intuición maternal lo que la llevó a seguir el arcoiris. Éste parecía unirse en un punto lejano. Corrió ansiosa. Los nudillos de antepasada se le lastimaban con el  suelo áspero. Notó que el viento se hacía más fuerte al acercarse a donde se unía el arcoiris.

 

-No sabía que a aquella ciudad cruel también también la llamaban madre-

 

Casi se le quemaron las extremidades cuando pasó cerca de un edificio cuyos muros metálicos se curvaba de diversas maneras, todas curiosas. Una palabra misteriosa estaba escrita en la base del edificio, pero ella ni siquiera podía leerla.

…Pentium

Tuvo un mal presentimiento. Corrió tan rápido que las manos y los pies comenzaron a sangrarle. El aire se hacía cada vez más caliente. Casi no le quedaban fuerzas cuando, finalmente, lo vio en la distancia. Estaba sentado en el suelo y lloraba envuelto en sí mismo. La madre corrió aún más, el dolor importaba poco. Alcanzó al pequeño y lo abrazó con fuerza. Éste nunca había añorado tanto el suave y peludo del regazo de su madre.

Una lluvia marrón y amarga empezó a caer. Un accidente distante e incomprendido estaba por desvanecer la felicidad del encuentro.

Explore posts in the same categories: Literatura y Fantasías, Pensar al Revés

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: