¿Transportar o Desaparecer? Las técnicas literarias en el diarismo puertorriqueño

Imagínese la impertinencia de contarle a un niño el relato de
Caperucita Roja comenzando con un enunciado titular como:
“Caperucita Roja salió ilesa de la estratagema urdida por el lobo.”
Gonzalo Abril

Un conocido cuento de Borges comienza con las palabras: “El Universo, al que algunos llaman la Biblioteca”. De entrada, el gran escritor, quien también fue colaborador de la prensa, lleva al lector al lugar de los hechos. Al establecer un paralelo inesperado establece la atmósfera de extrañeza y novedad que caracterizará el relato. Este tipo de técnicas no tienen nada de sorprendentes en la obra del genio argentino, pero parecen ajenas a lo que se esperaría en la prensa informativa. Sin embargo, los paralelos inesperados y los hechos insólitos ocurren constantemente en el mundo real, ese que el periodismo pretende capturar y llevar a las mentes de los lectores. “La asesina, a la que sus víctimas llamaban mami…”. La forma de contar es lo que produce el efecto. Las palabras seleccionadas y su ordenamiento determinan el resultado del enunciado.
“En el proceso de inmersión, el periodista tiene que ser capaz de conocer un cúmulo de cosas, vivirlas, sentirlas, detallarlas, para escribir de ellas, así solo sea un pequeño párrafo.” Aconseja Anuar Saad Saad en un artículo sobre periodismo literario (Saad, 2005). De modo que el periodista debe sumergirse en el suceso que relata, pero más que eso, debe ser capaz de provocar la misma experiencia en el lector, que no va a experimentar el acontecimiento salvo por la lectura. La literatura lleva siglos desarrollando técnicas para lograr precisamente eso. ¿Qué es un poema sino un intento del autor de transmitir sus sensaciones a las letras? Si al mismo tiempo su poema hace saber al lector la verdad sobre un suceso, ¿en qué se diferencia de una noticia? “En la Edad Media, los juglares y los trovadores transportaban las noticias y la literatura”, cuenta Rebollo Sánchez, profesor de ciencias de la información de la Universidad Complutense. “Nadie podrá negar que el Poema del Mío Cid es un reportaje eminentemente realista”, añade. (Rebollo, 2000: 12)
¿Hay alguna diferencia entre periodismo y literatura? Para Rebollo Sánchez evidentemente no. Es más habla de “cuando (en una crónica) el mero hecho de redactar una noticia insignificante se convierte en un ejercicio de literatura” y de “un titular que es un poema, un reportaje que es un cuento o una columna que es un fulgurante ensayo filosófico.” (Rebollo, 2000: 32) Y no es el único en establecer el paralelo, Castillo Hilario, profesor peruano de periodismo, comenta: “Entre la narración literaria y la narración periodística sólo cambian la verdad de las historias y los objetivos.” (Castillo, 2005)
Sin embargo, hoy día parece haber una diferencia tan grande entre lo que se publica en los periódicos como noticia o hecho real y lo que se publica en libros que Juan J. Pindado, habla de “la zona de nadie entre la literatura y el periodismo” (Pindado, 1998:4) Este autor estudia los más reconocidos literatos-periodistas, pero denomina su ejercicio “textos híbridos, mixtos, proteicos” y publica todo un análisis de estos “literatos quienes, a veces, actúan también como periodistas”. ¿Cómo zanjar la cuestión? Un breve resumen histórico ayudará.
Aunque Acosta Montoro diga hiperbólicamente que “el periodismo es anterior a la historia” (Acosta, 1973: 72) realiza, en su libro Periodismo y literatura, un recorrido histórico que se remonta a las publicaciones informativas de la antigua Roma, las Acta Populi Romani, que publicaban información mixta, desde detalles sobre el comercio hasta la llegada de un ave fénix. (Acosta, 1973: 147) Esto las asemeja a la posterior prensa norteamericana de un centavo, que incluía noticias de interés popular y a veces de veracidad dudosa y con la que, según Gonzalo Abril, se inicia el periodismo de masas (Abril, 1997: 216). Rebollo Sánchez cuenta que el primer periódico propiamente dicho se publicó en Inglaterra para 1702 y su nombre era el Daily Courant. En esta publicación participaron figuras literarias de la época como Jonathan Swift y Daniel Defoe, quien publicó un reportaje novelado titulado A Journal of the plague year. (Rebollo, 2000:12,13) Para esos tiempos los periódicos eran instrumentos de difusión de información de cualquier tipo, especialmente elementos de difusión de causas políticas, todo lo que conviniera a los redactores e impresores. Un redactor podía catalogar en un artículo a sus enemigos políticos de “zorras, mofetas, serpientes”, usando lenguaje común a los periódicos de la época (Acosta,1973:219). En esos tiempos iniciales el contenido no era limitado a lenguaje objetivo o pirámides invertidas. E igual consideraba periodistas a estos colaboradores.
Para el siglo XIX el periódico es el mayor difusor de noticias y literatura. Mariano José Larra, de quien Pindado comenta acertadamente que era “estrictamente periodista”(Pindado, 1998:6), si bien solo porque publicó exclusivamente en el periódico durante su corta vida (extinguida por él mismo), decía en esa época que “Los hechos han desplazado a las ideas, los periódicos, los libros.” (Rebollo, 2000:19)
Era el tiempo del romanticismo literario, que él mismo defendió en sus artículos, sin objetividad alguna, frente a la rigidez neoclásica. En esta época la literatura era difundida por los periódicos y los mismos periodistas tomaban partido por sus ideales en esas mismas páginas. No sorprende que Rebollo añore que se pueda “elevar la prensa por lo menos a las cotas que tuvo en el siglo XIX” (Rebollo, 2000:26)
En este ambiente efervescente para la prensa comienzan los procesos que transformarán al periodismo en lo que conocemos hoy. “Si bien el escritor fue el único periodista durante siglos”, llegó “un momento en que simples personas con dotes para servir a los medios de comunicación se apropiaran del lenguaje del escritor” (Acosta, 1973: 78) Otros respondieron a lo que consideraban publicaciones de escasa calidad, con otras que, independiente de su calidad, consideraban que eran más correctas, o más vendibles.
Acosta Montoro lo resume así:
“El periodismo moderno está hecho de herencias. De un lado, la herencia literaria y permanente del artículo, de la crítica, del comentario, que mantenían la vieja tradición del periodismo a lo Addison, de otro lado, la herencia del clamor revolucionario iniciado en Francia y que se corrió por cuantos países tuvieron algo que decir respecto a su futuro frente al absolutismo monárquico; y por fin, de una tradición de excelentes comunicadores formados en la calle, periodistas que dan a sus semejantes lo que éstos piden, ya que viven a su altura y representan el natural deseo, tantas veces morboso, de saber lo que sucede a otros”

Periodismo y literatura en Puerto Rico
No creo, sin embargo, que el periodismo alguna vez deje de ser literatura. Un escrito no puede desligarse de las experiencias de su creador, por más nota informativa que sea. Tómese como prueba el que cada persona que redacta una nota lo hará de manera diferente, elegirá ciertas citas o intentará proyectar cierta sensación. Se intenta, se hace. Pero parece que algunas herencias pesan demasiado a la creatividad de los periodistas. Están presentes en su formación profesional.
También pareciera que falta algo más. Castillo Hilario piensa que es el entrenamiento en literatura: “nadie, que se sepa, ha saltado la primera etapa, lectura y escritura se presentan como dos fases sucesivas.” Sin embargo, en la Universidad de Puerto Rico no existe ningún curso que oriente a los estudiantes de periodismo para nutrirse de la literatura en sus escritos, y no es la única en el mundo con tal carencia.
Pero en realidad, ¿por qué trascender el estilo actual de los periódicos? Todo estudiante de comunicación o periodista en Puerto Rico sabe que la lectura está dejando de practicarse. Parece que la gente, especialmente los jóvenes, prefiere la televisión por encima de todo. Además, se publican diariamente varios manojos de papel que son casi en su totalidad anuncios con algún texto para rellenar. Estoy seguro que todo periodista desea que sus notas se lean y reconoce su compromiso de informar al pueblo. Pero en realidad el periódico se vuelve pura redundancia cuando lo que hace es repetir lo que ya se ha dicho en los medios electrónicos. Es aquí donde ayuda volver a las raíces del periodismo, reconocer su cualidad literaria. “Los artículos, las crónicas, pueden valer más que millones de imágenes y sin duda, que millones de palabras objetivas”dice Rebollo Sánchez. (Rebollo, 2000: 29) Estoy convencido de que cualquier nota informativa puede ser redactada para que llame la atención. Decir la verdad, contar un hecho real, no excluye la creatividad, en eso están de acuerdo, según me dijeron, Benjamín Torres y Elibán Martínez, editor y periodista respectivamente de El Nuevo Día.
El periodista no tiene por qué aparentar que ha desaparecido del escrito, a fin de cuentas, eso es imposible. El deseo de objetividad y de contar la verdad no tienen que convertirse en razones para evitar presentar su voz. Aunque cierto manual de periodismo usado en la universidad diga que “Al lector hay que mostrarle los hechos, no contárselos ni comentárselos” o que “el reportero no puede hacer del lenguaje un arte, ha de emplearlo, más bien como herramienta con que transmitir lo más exactamente posible aquellos hechos sobre los que informa” (Benavides, Quintero, 2004: 101,102). Los ejemplos de los muchos y excelentes periodistas que han logrado convertirse en grandes escritores, una larguísima lista de los que Gabriel García Márquez es sólo uno y que incluye a lapuertorriqueñá Magali García Ramis, lo contradicen. El primer paso para no llegar a ser un excelente escritor es creer que no es posible, el segundo, no leer lo suficiente.
Para concluir quisiera dar un vistazo a un periódico puertorriqueño para ver su composición y ejemplificar el estado de este asunto en Puerto Rico. Echemos una ojeada a la edición del sábado 10 de diciembre de El Nuevo Día. Tómese solo como ejemplo. Tuve que someterme al suplicio de leer casi la totalidad del periódico, para lo que no está hecho. Debo agradecer que mucho más de la mitad sean anuncios, de otro modo, el tiempo no me hubiera alcanzado.
El artículo de portada contaba una tragedia, un incendio en un asilo de ancianos que dejó dos muertos y muchos heridos. Era noticia de “anteayer”. La historia me pareció sumamente interesante, dentro de la tragedia. Había una gran ironía (que descubrí en un artículo en la quinta página): el día anterior el hogar había sido inspeccionado por personal del gobierno. También había una gran historia de sensibilidad y heroísmo. Los policías que se esforzaron, ignorando su integridad física, para rescatar a los ancianos. Su sensibilidad, todo un ejemplo y gran información para el ciudadano acostumbrado a historias de corrupción. La imagen de un policía tiznado de humo, llorando, tiene una profunda belleza moral. Se les llama “valientes”, igual que a un bebé jirafa en la página setenta y siete.
Cuatro artículos, cuatro pirámides invertidas. Muchas citas: policías en un artículo, familiares en otro. ¿Habrá podido el lector agarrar el marco total de la situación? Un diagrama del asilo, que era del tamaño de una casa, con la única información de la ubicación del fuego y las dos víctimas. Los ancianos fallecidos son siluetas negras, angulares, como las que aparecen en los baños públicos. Acompaña al diagrama un mapa de Puerto Rico que dice dónde está el pequeño asilo. Abajo hay una lista necrológica de los incendios en que han perecido personas mayores de 50 años, con descripciones de las circunstancias y heridas al morir. Los humanos son sus palabras, o sus muertes. El periodista pretende desaparecer, no habla, repite.
El relato más evocador está en el tercer artículo, es una cita del fotoperiodista Luis Ramos, que constituye la totalidad del artículo. Me pregunto si no desearía dedicarse a reportero.
En la página ocho, un excelente reportaje me enteró de que el proyecto de Comunidades Especiales es más que letreros. Ha sido elogiado por la UNESCO por mejorar la unidad comunitaria. La foto que acompaña establece un oxímoron, un niño sin pantalones está solo frente a una vereda que lleva a una comunidad pobre donde no se ve un alma. ¿Pudo el escrito haber acercado el lector a esa ironía? ¿Cuántos lectores de los de “escuela primaria” para los que se aconseja en los manuales que se escriba la habrán captado?
En la página diez, tras un anuncio de una página completa, encuentro una foto del gobernador al lado del escritor espiritual Deepak Chopra y Roberto Savio, uno de los fundadores de la Alianza para la Nueva Humanidad. La sede de la Alianza va a ser Puerto Rico. En la mitad del artículo encuentro lo que ya presagiaba la foto, el gobernador es todo seguidor de la espiritualidad, es más su “Triángulo del Éxito”, su programa de gobierno, resume las propuestas de la Alianza, a ver si en el tiempo que le resta a este cuatrienio acerca más a Puerto Rico a la renovación espiritual. Puede ser que este artículo, por su cualidad de “acontecimiento ritualizado”, hubiera cualificado para una de esas que se llaman crónicas (Benavides, Quintero, 2004: 352) , allí se hubiera podido resaltar más la espiritualidad del gobernador.
En resumen, la parte noticiosa del Periódico El Nuevo Día del Sábado 10 de diciembre de 2005 adolecía de monotonía, o sea, según el Diccionario de la Real Academia, de “Uniformidad, igualdad de tono en quien habla, en la voz, en la música// 2. Falta de variedad en cualquier cosa.” Tal vez los lectores agradecerían el cambio en la monotonía y aprovecharían mejor la lectura del periódico si la Universidad y los mismos periodistas reconocieran las posibilidades y técnicas que les han legado milenios de literatura. La verdad podría también agradecer unas nuevas vestiduras.

Referencias:
Abril G.; 1997; Teoría General de la información; Ediciones Cátedra; Madrid.

Acosta J. 1973; Periodismo y Literatura; Ediciones Guadarrama; Madrid

Benavides J., Quintero R.; 2004; Escribir en prensa; 2da edición; Pearson Education; Madrid

Castillo M.; 2005; Literatura para periodistas; web http://www.saladeprensa.org/art392.htm adquirido 1/12/2005

Pindado J. 1998; Texto Híbrido entre Ficción en Información: ¿Periodismo o Literatura?; Scipta Humanistica; Maryland

Rebollo F., 2000; Literatura y Periodismo HOY; Editorial Fragua; Madrid

Saad A. 2005; El Periodismo Literario (o la novela de No-ficción); web, obtenido 1/12/05 http://www.saladeprensa.org/art83.htm

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